Mozambique: La educación para la paz crea vías para salir de la violencia doméstica
¿Cómo se puede crear y vivir la paz en una época marcada por la violencia y el conflicto? El Club de la Paz de Maputo demuestra de forma contundente cómo los estudiantes pueden encontrar soluciones para superar la violencia doméstica y el acoso escolar mediante la educación para la paz.
Como cada semana, los estudiantes se reúnen en el Club de la Paz de Khandlelo para hablar sobre sus experiencias con la violencia y el acoso escolar. En Mozambique, la violencia forma parte del día a día de muchos niños y niñas, tanto en casa como en la escuela. La pobreza, las normas sociales arraigadas, la falta de estructuras de protección y el consumo de alcohol y drogas agravan la situación. Las niñas y las jóvenes se ven particularmente afectadas, y muchas ya no están dispuestas a tolerarla.
Más que transferencia de conocimientos
Aquí es precisamente donde entra en juego el Club de la Paz de Khandlelo, una organización colaboradora de larga trayectoria Terre des Hommes . Durante muchos años, Khandlelo ha apoyado a niños y jóvenes para que rompan el ciclo de la violencia y fortalezcan su autoestima, a través de juegos de rol, actividades deportivas y asesoramiento individual, entre otras cosas. El proyecto demuestra que la educación va más allá de la mera transmisión de conocimientos: fortalece las habilidades sociales, la autoestima y la interacción respetuosa.
Los estudiantes de entre 10 y 14 años participan regularmente en talleres sobre gestión de conflictos, educación para la paz y manejo del consumo de alcohol y drogas. En los Clubes de la Paz, se les capacita para convertirse en embajadores de la paz de una manera lúdica y adaptada a su edad. Aprenden a reconocer la violencia y el acoso escolar y a resolver conflictos de forma no violenta. Si surge una disputa, sus compañeros pueden acudir directamente a ellos.
El Club de la Paz no solo enseña métodos de prevención de la violencia, sino que también crea un espacio seguro donde los niños pueden hablar sobre sus propias experiencias de violencia en el seno de su familia o círculo de amigos. Para afrontar mejor sus preocupaciones y miedos, los niños y jóvenes reciben apoyo psicológico y asesoramiento de forma regular.
"Como embajador de la paz, estoy aprendiendo a evitar y prevenir la violencia y el acoso, y a tratar a los demás con respeto."
El impacto del proyecto ya es perceptible: embajadores de la paz capacitados apoyan a sus compañeros en la vida escolar diaria, ayudándoles a resolver conflictos pacíficamente. Los conflictos se resuelven con mayor frecuencia mediante el diálogo, y la interacción respetuosa se está volviendo cada vez más natural. Muchos niños y jóvenes ahora se sienten más seguros de sí mismos, más protegidos y empoderados en sus derechos, y están experimentando que la paz puede comenzar a pequeña escala.