Los niños trabajadores luchan por sus derechos
El Cerro Rico en Potosí, Bolivia, se conoce como "la montaña devoradora de hombres", símbolo de la explotación de los pueblos indígenas de Latinoamérica. Decenas de miles de personas murieron extrayendo plata y estaño para los colonizadores españoles. "Vale un Potosí" se ha convertido en un dicho común para expresar el gran valor de algo. Y para muchos, el Cerro Rico aún representa una promesa de riqueza. Numerosas cooperativas mineras se abren paso en la montaña con explosivos sin control ni coordinación; jóvenes aún trabajan y mueren en los pozos mal asegurados. La montaña está tan llena de agujeros que en 2011 se abrió un cráter de 700 metros cuadrados en su cima, que tuvo que ser rellenado con hormigón.
Hoy, Luz, trabajadora social de la organización socia de Terre des Hommes PASOCAP (Pastoral Social Cáritas Potosí), subió a la montaña. El aire es enrarecido a más de 4000 metros de altitud y hay polvo. Dos niños juegan con un trompo frente a una mina. Luz descubre que, aunque no trabajan en las minas, ganan dinero vigilando la entrada. Están ejerciendo su derecho a la educación: ambos asisten a la escuela. Luz les cuenta a los dos niños sobre los servicios de PASOCAP. "Hay actividades recreativas, un grupo de teatro, ayuda con las tareas escolares, comidas y servicios de orientación para niños trabajadores", explica. Añade que la panadería del centro NATs-Pasocap también ofrece la oportunidad de ganar dinero y recibir capacitación, mucho más segura que trabajar en la mina. Invita a los dos niños a visitar las reuniones abiertas de PASOCAP.
El derecho a un trabajo decente
Hoy, 30 jóvenes sindicalistas se reúnen en el centro PASOCAP para debatir la situación de los niños trabajadores en Bolivia. Se trata de un tema complejo: hasta 2014, el trabajo infantil estaba totalmente prohibido en Bolivia. A pesar de ello, el número de niños trabajadores era y sigue siendo muy elevado. Se estima que un millón de niños de entre cinco y 17 años trabajan en Bolivia, lo que representa casi el 9 % de la población total. La explotación infantil no se limita a las minas; muchos niños trabajan como vendedores ambulantes, lustrabotas, albañiles o en restaurantes, por ejemplo.
Pero quienes trabajan ilegalmente no pueden defenderse de la explotación y no tienen derecho a prestaciones sociales ni a un salario mínimo. Por eso, miles de niños, organizados en sindicatos infantiles, hicieron campaña por una ley que legalizara el trabajo infantil en casos excepcionales. Actividades peligrosas como el trabajo en las minas deberían seguir prohibidas; en cambio, se debería proporcionar a los niños trabajos seguros, supervisados y con derechos laborales, permitiéndoles tiempo para la escuela y el ocio, y liberándolos de la ilegalidad.
La ley fue aprobada por el parlamento en 2014, pero en 2017, bajo presión, en particular de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el máximo tribunal de Bolivia la declaró inconstitucional. Los niños trabajadores en Bolivia están furiosos por esto, y más aún porque la OIT se niega a escuchar sus preocupaciones a pesar de sus numerosas solicitudes. "Seguirán trabajando en las calles porque es una cuestión de supervivencia", explica Luz. "Y no importa que haya mil leyes que prohíban el trabajo infantil. Están luchando por su derecho a un trabajo digno".
Un lugar para ser niño
Es sábado y el centro NATs-PASOCAP rebosa de actividad. El aroma a pan recién horneado impregna el aire, y la gente hace fila afuera para conseguir una bolsa de panecillos aún calientes. Dentro de la panadería, los jóvenes del proyecto hornean y venden los productos. Dirigen el negocio de forma independiente, contabilizando y registrando meticulosamente todas las transacciones. Todo se vende enseguida.
En la sala, los niños del grupo de teatro corren de un lado a otro, recogiendo sus accesorios y vestuario, mientras los mayores ayudan a los más pequeños. La trabajadora social Luz está en todas partes a la vez. Apoya a los niños durante el ensayo, les habla de problemas familiares y laborales, les ofrece ayuda concreta o simplemente les ofrece un hombro para llorar.
Entonces comienza la función. La obra, creada por niños y adolescentes, aborda la violencia doméstica y logra presentar este grave tema de forma entretenida, con abundante música y baile. Los niños que no están en el escenario permanecen absortos en sus asientos, siguiendo con entusiasmo la obra y dando consejos a los actores. Quienes no pueden quedarse dentro juegan al fútbol al aire libre.
A pesar del desarrollo económico positivo, la pobreza en Bolivia sigue tan extendida que, en el futuro previsible, los niños seguirán trabajando mientras estudian, a pesar de la prohibición. Lo hacen para asegurar su supervivencia, pero también para cumplir sus sueños: terminar la escuela, ir a la universidad o emprender un negocio. En el centro PASOCAP, siempre encuentran un espacio seguro donde reciben apoyo con sus estudios, conocen sus derechos y hacen planes para su futuro. Pero también pueden estar tranquilos, jugar, reír y olvidarse de sus preocupaciones.
¡Tu apoyo para niños fuertes!